Fins sempre Satur!



Avui ens ha deixat Saturnino Bernal, un militant comunista històric de Cerdanyola, de CCOO, i membre d'EUiA des de la seva fundació. Va ser un dels 113 detinguts de l'Assemblea de Catalunya. En definitiva, un lluitador pels drets socials i les llibertats, totes, la nacional de Catalunya inclosa, quan això suposava jugar-s'ho tot, la vida, la familia, la pròpia llibertat.

Jo el vaig conèixer, igual que a la seva inseparable companya sentimental i de lluites, Dolores Sánchez, durant un acte d'EUiA a Cerdanyola al local de CCOO, acompanyant Jordi Miralles. Era una persona afable, propera, i molt pencaire, molt militant. Després, sempre que ens havíem trobat, ens saludàvem molt afectuosament.

Una abraçada i molts ànims a la Dolores, i a la resta de familiars i amistats. Que la terra et sigui lleu, Satur!  




El cambio solo vendrá por la izquierda

Esta tarde se realizará la segunda votación de la sesión de investidura del candidato Pedro Sánchez, y nada indica que tendrá un resultado diferente a la primera: no habrá mayoría suficiente para investir Presidente.

Se llega aquí y así por iniciativa del PSOE, que de momento, ha preferido pactar un programa liberal-reformista con Albert Rivera, que le proporciona 130 votos, en vez de un acuerdo de cambio con las fuerzas de izquierdas que le asegurarían, al menos, 161 votos favorables, y le abriría la puerta a la posibilididad de que otras fuerzas progresistas y democráticas se abstuviesen, como mínimo, para poner en marcha la legislatura.

No se entiende porque Pedro Sánchez dice no pactar con las fuerzas progresistas por no querer ser preso de los votos de ERC y DiL, y en cambio, le parece plausible la idea de Albert Rivera de ser preso de los votos del PP, de los que se busca, al menos, su abstención. Ser preso del inmovilismo se antoja lo más alejado del cambio, a decir verdad.

Pedro Sánchez y el PSOE (no parecen ser lo mismo), si realmente apuestan por el cambio, deben hacer un pacto estable con Podemos, En Comú Podem, En Marea, IU-UP, y Compromís, que además permita alcanzar acuerdos con otras fuerzas de la cámara. Pablo Iglesias, Xavi Doménech, Alexandra Fernández, Alberto Garzón, y Joan Baldoví, le expusieron el miércoles a Pedro Sánchez medidas alternativas y voluntad de diálogo para poder armar un compromiso de gobierno progresista, y que por formas y contenidos, muchas de estas intervenciones evindenciaron el gran cambio de paradigmas que ya se ha producido en la política española, como relataba la senadora Maria Freixanet (En Comú Podem) esta semana en una crónica en su blog.

Las contradicciones e insuficiencias del acuerdo PSOE-Ciudadanos para una propuesta de cambio real en lo económico, lo social, y lo democrático, quedaron en evidencia. Aún así, como le recordó Aitor Esteban del PNV, puede que no sea necesario que Sánchez renuncie a todo lo acordado con Albert Rivera, pero la troncalidad del acuerdo debe girar entorno a otras prioridades y coordenadas, más a la izquierda y con mirada plurinacional, en clave de cambio y no de recambio.

Lo que no es posible es contentar a la vez y por igual al PP o Ciudadanos, y a las fuerzas de cambio; esa es la hipótesis irreal, la que solo lleva al bloqueo y a nuevas elecciones, que tampoco parecen ser mejor solución a la voluntad popular ya expresada en las urnas.

Aún hay tiempo, más de 57 días, para rehacer el diálogo entre las fuerzas de izquierda. No se trata de asaltar los cielos, como dice hoy Pedro Sánchez en un artículo, en crítica a Podemos. Si hablamos de asaltos, de lo que una mayoría social (también de votantes socialistas) está harta es de que las oligarquías y sus representantes asalten las instituciones para hacer políticas contrarias a la mayoría trabajadora y popular; y quien esta poniendo la escalera nuevamente a los asaltantes es Ciudadanos, haciendo el trabajo de cerco para la Gran Coalición, que los poderes económicos españoles y la Troika comunitaria esperan y alientan. 

Pedro Sánchez, ésta es la disyuntiva: gobierno de cambio, o gobierno al servicio de los de siempre, aunque sus representantes vayan de nuevos.

Solo un gobierno de cambio real puede afrontar los retos sociales y democráticos planteados, y ser contrapunto, junto a Portugal y Grecia, a esta Europa vergonzosa que es insolidaria con sus propios ciudadadanos, castigados por políticas de austeridad, e insolidaria con las personas que vienen a Europa a buscar refugio y un futuro mejor. 

El PSOE ha de decidir: cambio o cerrojazo

La legislatura ha comenzado con la negativa a que En Comú Podem, En Marea, y Ara és el Moment pudieran formar grupos parlamentarios diferentes al de Podemos; una auténtica decisión de régimen de los partidos que han gestionado la democracia desde 1978, y otros nuevos pero que aspiran a mantener el statu quo de la misma manera, pese a sus discursos regeneracionistas.

Un artículo de Contrapoder explicaba claramente el atropello jurídico que ha supuesto una lectura tan restrictiva del Reglamento del Congreso, que solo tenía precedentes tan graves en la negativa a Amaiur en 2011 a conformar grupo.

A esta decisión arbitraria, se le ha sumado otro despropósito: denegar a IU y Bildu el hacer grupo técnico con ERC, en una práctica con tradición parlamentaria y que tenía el visto bueno de los servicios jurídicos de la cámara, que habían emitido informe favorable.

Estos primeros pasos de la legislatura no son meros trámites burocráticos de la composición de órganos: indican bien a las claras cual será el talante de PP y Ciudadanos, y ponen de manifiesto la candidez de un PSOE que pensaba que estábamos en una época de fairplay parlamentario, de turnismo sin más, y con crudeza, ha visto como a primeras de cambio los conservadores hacen ventajismo de su posición en la Mesa para desarrollar su política, y dejaban en minoría en la primera votación relevante, al propio Presidente del Congreso, Patxi López. Hay otras lecturas más rebuscadas de esta inexplicable cesión del PSOE, pero vamos a confiar, con buena fé, en lo que dicen sus propios dirigentes sobre la necesidad de un cambio.
Este PP revanchista, oportunista, recuerda mucho al mal perdedor que incendió la política española con versiones conspiranoicas sobre los atentados del 11-M, o que recogió firmas por toda España contra el Estatut catalán, degradando la política y las instituciones hasta límites aberrantes para desgastar al gobierno socialista.

El PSOE y Pedro Sánchez (no parecen ser exactamente lo mismo) han de decidir si optan por apuntalar un régimen injusto, insolidario, y que ya no tiene capacidad alguna de ser inclusivo respecto a la plurinacionalidad de España, o si como han defendido en campaña, apuestan por un gobierno de progreso que reduzca las desigualdades sociales, que acabe con la precariedad laboral, que combata la corrupción, que atienda una reforma a fondo del sistema institucional para que la ciudadanía sea participe, y si abren una reforma del orden constitucional que permita un nuevo encaje democrático de las naciones en el Estado español.  

Hay fuerzas progresistas y democráticas suficientes en el Congreso para ese escenario de cambio, si hay voluntad real de negociación sobre los aspectos citados. Al otro lado, el inmovilismo. PP y Ciudadanos esperan al PSOE para un cerrojazo constitucional, un proceso destituyente que destruya los pocos espacios federalizantes que tiene el actual sistema, aparte de consolidar las políticas sociales y laborales regresivas de los últimos años, y de realizar reformas cosméticas de las instituciones, que no beneficiaran la participación ni la transparencia, y que serán inanes ante las puertas giratorias y otros vicios de la vieja política. Si el PSOE cree que encontrará márgenes para dulcificar a PP y Ciudadanos, no solo se equivoca de estrategia, se equivoca de país, con una derecha tan poco europea como la española, sin tradición alguna en este aspecto.

El PSOE ha de decidir: cambio, o cerrojazo, a sabiendas que los diques de contención del actual sistema político han quedado seriamente dañados el 20 de Diciembre, y que pese a las maniobras parlamentaristas, la ola de cambio no se detiene, y si no se suma a ella, será engullido por la misma, como le pasó a sus socios griegos tras los pactos ND-PASOK, por citar un ejemplo.
Por cierto, hablando de Grecia: como recuerda hoy Enric Juliana en un artículo, el futuro Gobierno de España también es pieza clave de la política europea, y puede decantar hacia la izquierda el Sur de Europa, o suponer un contrapunto conservador favorable a Alemania.