ALIANZA DE CIVILIZACIONES, ¿CONCEPTO ÚTIL? (II)

Perdonad el retraso de la segunda parte de esta reflexión sobre la Alianza de Civilizaciones, pero he estado bastante liado y además he pasado unos días en Madrid y me ha sido imposible escribir hasta ahora. Dejaba en el anterior post, una serie de preguntas abiertas a responder sobre que relaciones hay entre conflictividad social y conflictividad armada, y por extensión, si las tensiones Norte-Sur u Occidente-Mundo árabe-musulmán responden a una expresión de clase, o si es un enfrentamiento entre burguesías/oligarquías dominantes y las subalternas, que aspiran a tener la hegemonía en su zona.


No digo nada nuevo si afirmo que las situaciones de pobreza extrema generan violencia social. Lo relevante en este caso, es que esa situación desesperada que se vive en el Tercer Mundo, especialmente en África y Ásia, sirve de base a las clases dominantes de cada región para generar conflictos con las oligarquías occidentales. La pobreza sirve de coartada para justificar que las clases populares se identifiquen con unas consignas que no les van a traer mejores condiciones de vida: en el mejor de los casos tendrán una clarificación, en clave nacional, de quien les domina. Solo en una situación de desesperación, de no future, es entendible el martirilogio de los terroristas suicidas, y la valoración cero de la propia vida y de la de los demás, aunque sean los compatriotas a los que pretendes liberar. Pese a que hay muchas realidades matizables, no nos engañemos: lo que hay detrás del islamismo integrista es una serie de oligarquías regionales que quieren tratarse de tu a tu con Occidente, no una liberación de las clases populares en un sentido democrático.


Al-Qaeda es un ejemplo de lo expuesto: Bin Laden no es un guerrillero humilde que pretende liberar al mundo musulmán. Es el representante de una parte de la alta burguesía saudí, aliada de Estados Unidos en la Guerra Fría, pero que una vez derrocada la URSS, reclama su papel dirigente en la zona, y no la de mero gestor geoestratégico de los intereses norteamericanos. La habilidad de esta red para encontrar adeptos en paises con alta conflictividad social derivada de situaciones de pobreza extrema de amplías capas de la sociedad, es tan alta como la incapacidad de Occidente para apoyar a aliados de progreso que les hagan frente. Las redes de solidaridad social del integrismo (financiadas exteriormente muchas veces), que ayudan a la subsistencia de las clases populares a cambio del adoctrinamiento religioso, son una de las claves de su éxito. Mientras Europa no reconozca esa realidad y se afane en corregirla, ni sea capaz de atreverse a cuestionar el orden mundial establecido por EE.UU., el terrorismo islámico jugará con ventaja, pues la condiciones objetivas son un caldo de cultivo immejorable para ampliar su influencia social y su capacidad militar.


En este sentido, recomiendo leer el magnífico artículo de hoy de Antoni Segura en El Periódico de Catalunya, que reflexiona sobre el terrorismo integrista en estos términos.


En ese escenario, el factor cultural/religioso es utilizado como elemento propagandístico que tapa las cuestiones de fondo, especialmente las de clase. La potente red comunicativa del mundo árabe ayuda a presentar sociedades maniqueas, y abismos culturales que en realidad no existen, sino que son inducidos desde los sectores más reaccionarios del mundo musulmán, que retroalimentan en Occidente posturas antimusulmanas. El caso del burka sería paradigmático de como inventarse una tradición, cuando en realidad es una imposición que sólo tiene unas décadas, pero que se afianza en la opinión pública al ser aceptada y difundida como tal, aunque sea para criticarla desde opciones de progreso, o para presentarla como una expresión inequívoca del retraso histórico del mundo musulman respecto de Occidente, en el caso de la derecha xenófoba.
Resulta imprescindible salir de los reduccionismos y de los clichés, y en ese propósito pedagógico, los medios de comunicación y la educación pública son elementos claves.


En función de lo expuesto, dejo para la siguiente entrega algunas preguntas abiertas: ¿que posición tiene la izquierda occidental ante la realidad descrita?, ¿que concepto de civilización/cultura necesitamos? ¿que alternativas hay a lo planteado por ZP?.

2 comentaris:

Hilario Ideas ha dit...

Su base intelectual no es más que ese buenismo infantil que supuraba también por todos sus poros aquel Fórum de las Culturas. Creer que lo que falla en las relaciones entre culturas o civilizaciones son meros problemas de entendimiento y que el diálogo todo lo soluciona. No; quienes realmente tienen respeto por el otro saben que éste puede tener una forma de razonar y unos objetivos completamente distintos a los propios, y que es perfectamente posible que unos y otros no puedan conciliarse. Esa es la manera adulta de mirar al mundo, al que algunos iluminados no quieren enfrentarse.
Son bobadas destinadas a adormecer las conciencias y a hacernos creer que la libertad no requiere una vigilancia eterna.


hilarioideas@hotmail.com

Hilario Ideas ha dit...

No existe prueba alguna de que el calentamiento haya sido causado por los gases de efecto invernadero originados por las actividades del hombre. Las evidencias muestran que el calentamiento tiene causas naturales, como la actividad solar, y la situación no experimentaría cambios con las restricciones impuestas por Kioto a las emisiones de CO2, ni con el uso de combustibles antieconómicos como el etanol y el hidrógeno, ni con la generación de electricidad por medio de fuentes solares, eólicas y la biomasa. Además, contar con un clima más cálido puede ser beneficioso para la Humanidad.

Pero lo más enigmático del calentamiento global es que, pese a tratarse de un dilema científico, el debate se ha trasladado al campo ideológico y es dirigido por algunos políticos como Al Gore. Estos políticos demagogos, sin excepción, sostienen que el hombre es culpable del cambio climático y que urge aplicar el Protocolo de Kioto para restringir la actividad industrial y el uso de combustibles fósiles, ya que el desastre es inminente.

Dichos políticos persisten en la amenaza del calentamiento global porque saben que las "soluciones" serán anticapitalistas: restricción del desarrollo industrial, freno al libre comercio y a la globalización, fortalecimiento del intervencionismo, aumento del poder de la burocracia en la economía mundial.

Los ecologistas radicales alientan el miedo al calentamiento global con el propósito de afianzar su agenda política y extender su control sobre la sociedad, inducen a limitar la producción y el consumo y a frenar el progreso.

A las élites ecologistas no les preocupa que las políticas que pretenden reducir el calentamiento global terminen condenando a los países atrasados a seguir en la pobreza, dado que el desarrollo requiere expandir la industrialización, el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Algunos economistas sostienen incluso que el calentamiento podría tener efectos positivos, mejorar el ingreso y la calidad de vida de la gente. En cualquier caso, sería un crimen dilapidar los escasos recursos globales en combatir un fenómeno cuyas causas y efectos se desconocen y dejar de lado el más urgente problema de la Humanidad: la pobreza.

Las emisiones de dióxido de carbono de origen humano representan más o menos el 5% del total; el resto hay que apuntárselo a la naturaleza, por ejemplo, a los volcanes y a los seres vivos en proceso de descomposición. Los volcanes producen cada año más dióxido de carbono que todas las actividades humanas. Los gases de efecto invernadero son cosa, sobre todo, de los océanos.

Frente a lo que sostienen los ecologistas, los niveles de dióxido de carbono crecen a medida que aumenta la temperatura del planeta. O sea, que los niveles de dióxido de carbono son una consecuencia del cambio climático. Algunos científicos aseguran que lo que más influye en la temperatura de la Tierra es la actividad registrada en las manchas solares. Lo fundamental de todo esto es que, de acuerdo con la mayor parte de la evidencia disponible, lo que nos vienen contando los ecologistas alarmistas es una chorrada de tomo y lomo.

Existe un caudal de opinión "ecológicamente incorrecta" que, a pesar de estar sólidamente respaldada por la ciencia, no encuentra apenas espacio en los medios de comunicación.

Si no queremos que una dictadura ecológica asfixie nuestras libertades y cercene las posibilidades que tienen los países menos desarrollados de progresar, debemos prestar más atención a los científicos y analizar muy cuidadosamente lo que divulgan ecologistas alarmistas y medios de comunicación sobre el cambio climático.
El planeta ha tenido periodos en los que ha estado más frío o más caliente que hoy en día. Para ofrecer dos ejemplos bastante recientes, cuando los vikingos se establecieron en Groenlandia durante la Edad Media, le pusieron ese nombre porque la parte sur era verde. Y cuando el Támesis se congeló tan sólidamente en el siglo XVII que los ingleses podían hacer fogatas sobre el hielo, el norte de Europa estaba sufriendo lo que se conoce como la "pequeña Edad de Hielo". Ninguno de los dos sucesos tenía nada que ver con los gases "de efecto invernadero".
Si el globo se está calentando realmente o no, es una pregunta que tiene que ver con hechos, y con el lugar dónde se están midiendo estos hechos: en la tierra, en el aire o bajo el mar. No hay duda de que existe un efecto "invernadero". De lo contrario, la mitad del planeta se congelaría cada noche en cuanto no hubiera luz solar.
Tampoco hay duda de que la tierra puede enfriarse o calentarse. Ha hecho ambas cosas en un momento u otro durante miles de años, antes incluso de que se inventaran esos todoterrenos que dicen son tan contaminantes. Si nunca hubiera habido ningún calentamiento global antes, no podríamos disfrutar hoy del Yosemite Valley, puesto que estuvo enterrado una vez bajo 1.200 metros de hielo.
El ecologismo bucólico no prosperó hasta los discursos protonazis de la Alemania de finales del XIX y principios del XX, y fue una de las banderas del nazismo propiamente dicho, aunque la cuestión de la salubridad en el trabajo no haya sido relevante en los campos de exterminio: mientras los crematorios contribuían al efecto invernadero, los jóvenes hitlerianos hacían excursiones a los bosques.
Allá por los años 70, la histeria medioambiental se fundamentaba en los peligros de una nueva Edad de Hielo. Esta histeria fue difundida por muchas de las mismas personas y grupos que promueven ahora la histeria del calentamiento global.
El dinero del Gobierno se desparrama sobre los que buscan becas para estudiar el calentamiento global y producir "soluciones" al mismo. Pero no es probable que ese dinero le llegue a aquellos escépticos de la comunidad científica que rehúsan seguir la corriente.
Henrik Svensmark, del Centro Espacial Nacional de Dinamarca, por ejemplo, sostiene que los cambios en el campo magnético del Sol y el consiguiente impacto sobre los rayos solares puede ser la clave del calentamiento global. Nigel Weiss, ex presidente de la Real Sociedad Astronómica y astrofísico de la Universidad de Cambridge, correlaciona la actividad de las manchas solares con los cambios en el clima de la Tierra. Habibullo Abdussamatov, que dirige el laboratorio de investigación espacial del Observatorio Astronómico Pulkovo de Rusia, señala que Marte también está atravesando un calentamiento global pese a que no presenta las condiciones para culpar al efecto invernadero y, desde luego, no parece que la actividad de los marcianos sea la responsable. En su opinión, es la radiación solar y no el dióxido de carbono de los todoterrenos alienígenas existentes en Marte lo que explica el reciente incremento de la temperatura.
La exageración de los efectos del cambio climático permite publicar titulares dramáticos, pero la realidad es más compleja e interesante. Los agoreros pueden afirmar que el cielo se cae, pero el trabajo del periodista debería ser comprobarlo.
Estará de moda alarmarse por el calentamiento global, pero lo cierto es que lo normal es que el clima varíe: "Cada año, la Tierra se calienta o se enfría unas cuantas décimas de grado". El desquicie actual descansa en esa "falsa premisa" que dice que vivimos no sólo en un mundo perfecto, de temperaturas equilibradas, sino que nuestras predicciones sobre el calentamiento que registrará el planeta para el año 2040 son de algún modo más fiables que las relacionadas con el tiempo que hará la semana que viene.
La mayoría de las predicciones a largo plazo sobre el calentamiento global se basan en modelos informáticos "inherentemente indignos de confianza". Todavía es mucho lo relacionado con la dinámica del clima que la ciencia no puede explicar; por ejemplo, por qué las temperaturas subieron en las dos décadas anteriores a 1940 pero cayeron en picado durante los decenios en que se registró la expansión económica de posguerra, cuando las emisiones de dióxido de carbono fueron mucho mayores.

Puede que contar con un clima más cálido que el que tenemos ahora sea beneficioso". Los sucesos relacionados con las condiciones climáticas extremas podrían ser menos frecuentes. A la agricultura podría venirle muy bien unos mayores niveles de CO2. Etcétera. Total, que es preferible una Tierra caliente a una Tierra fría: "La exposición al frío es más peligrosa y menos confortable".

Los ministros europeos de Economía se han dado cuenta de que no podrán cumplir con Kioto en lo relacionado con la reducción, para 2012, de las emisiones de gases de efecto invernadero hasta un 5% menos de las registradas en 1990. Se quejan de que Kioto afectará al nivel de vida europeo, por ejemplo, desplazando puestos de trabajo a China, la India y otros países no obligados por el protocolo a reducir sus emisiones.

Sin embargo, la Comisión Europea no cede un ápice. Por el contrario, insiste en abogar por aplicar unas reducciones aún más draconianas para el año 2020. Reconoce que el pleno cumplimiento de Kioto apenas evitaría que la temperatura aumentase en 0,11ºC para el año 2050, si es que verdaderamente es el CO2, y no el sol y las demás fuerzas naturales, el responsable del cambio climático.

Por eso los alarmistas insisten ahora en que las emisiones tendrían que reducirse entre un 60 y un 80% para 2050, para así mantener el dióxido de carbono en unos niveles "seguros" y poder "estabilizar" el clima, que, por cierto, nunca ha sido "estable". Para poder dispensar a los países en desarrollo (como debe ser), las naciones desarrolladas deberían, prácticamente, dejar de emitir CO2.

El impacto sería catastrófico, trastocaría la vida tal y como hoy la conocemos. Todo lo relacionado con la construcción de viviendas, la calefacción, el aire acondicionado, el transporte, la manufactura, el comercio, así como las decisiones de los consumidores, quedaría sometido al control de políticos, burócratas y activistas ecolojetas. El costo de todo ello ascendería a miles de millones de dólares, se perderían millones de puestos de trabajo y el nivel de vida de la gente se vería reducido drásticamente. La calefacción y el aire acondicionado se convertirían en lujos inalcanzables para la mayoría, lo cual dispararía las muertes por frío en invierno y por calor en verano.

Los activistas ecologistas dicen a los africanos que el cambio climático es una amenaza más grande que la malaria, el sida y la pobreza. La historia se repite. Los activistas, los políticos y los artistas de Hollywood lograron hace 30 años que se prohibiera la utilización del DDT: como consecuencia de ello, desde entonces decenas de millones de personas han muerto de malaria. Nadie ha sido castigado. Nadie ha pedido perdón. Ahora dicen lo mismo del cambio climático.

Podemos y debemos desarrollar nuevas tecnologías para mejorar la eficiencia, reducir los costes y la contaminación, pero la solución no pasa por reducir el nivel de vida de la población sobre la base de las más catastróficas especulaciones sobre el cambio climático.

El crecimiento económico es, después de todo, la forma más segura de limpiar el medio ambiente.
Investigaciones citadas por el Banco Mundial han encontrado que, una vez que la renta per cápita de un país supera cierto punto situado entre 5.000 y 8.000 dólares, la contaminación empieza a descender. Parece ser que en cuanto la gente gana lo suficiente como para mantener a sus familias empiezan a sentir la necesidad de mejorar también su medio ambiente.
El éxito económico también genera creatividad. Mientras sigamos creciendo, los años venideros traerán alternativas energéticas cada vez más limpias y eficientes.
Hubo un tiempo en que nuestra economía dependía de quemar árboles para producir energía. Hemos pasado de la madera al carbón, del carbón al petróleo y al gas natural y pasaremos de los combustibles fósiles a alguna otra fuente de energía más eficaz y limpia.
Las nuevas tecnologías mejorarán nuestra eficiencia energética, reducirá las emisiones de todo tipo de gases efecto invernadero y podrían finalmente permitirnos absorber el CO2 y retirarlo de la atmósfera. Pero esto sólo puede suceder si permitimos que el libre mercado, y la creatividad que éste genera, puedan florecer.
La protección del medio ambiente se deriva siempre a lo público y se deja de lado lo privado. La actividad empresarial es la que crea la riqueza, y es la riqueza lo que en último término protege el medio ambiente. Es la propiedad privada lo que favorece la creación de la riqueza. Si una maderera arrasa una porción de selva es porque no es suya, porque sabe que en un tiempo deberá salir de ahí y dedicarse a talar otra concesión. Si ese trozo de selva fuera de su propiedad, ya se encargaría de no destrozar la fuente de su riqueza.

Se nos bombardea constantemente con predicciones catastrofistas.

Este bombardeo continuo no es gratuito; forma parte de un proceso sistemático que ayuda a la supervivencia del lobby ecologista: si el medio ambiente se conservara cada vez mejor, si la degradación se redujera, si la humanidad prosperara, no tendría razón de ser, estaría firmando su propia defunción. Necesita la radicalización del movimiento, el alarmismo para seguir vivo.

El Amazonas está lleno de mentiras, casi tantas como especies. Quizá la más repetida sea su definición como "pulmón de la Tierra". Es falso que sea el mayor productor mundial de O2.

Deberíamos recordar que todo ser vivo superior respira tomando oxígeno y soltando anhídrido carbónico, el famoso y mal visto CO2. La selva amazónica es un ecosistema donde apenas hay árboles que no hayan llegado a un estado adulto, de forma que el oxígeno que producen al realizar la fotosíntesis es gastado en el proceso de respiración y el balance es prácticamente nulo.

El principal productor de oxígeno es el fitoplacton marino, especialmente el de la zonas polares y el de las aguas costeras. De hecho, la ciencia no deja de darnos sustos, y una investigación reciente asegura que las masas boscosas son importantes productoras de gas metano, otro de los peligrosos gases del efecto invernadero.

El cambio climático es natural, ha estado ocurriendo durante años y el desprendimiento de hielo de los glaciares sucede precisamente en la primavera, tan normal como que las hojas caigan en otoño.

Por supuesto que el hombre contribuye al calentamiento global en tanto en cuanto genera gases con efecto invernadero (CO2 en los tubos de escape de los coches, CH3CH2OH por otros tubos de escape, etc.) pero mucho dudo que realmente el hombre pueda hacer algo para detener los cambios, por la simple razón de que su influencia es ínfima.
"Simplificando: a más CO2, más calor; menos CO2, menos." Sí: o sea, que sí que es una simplificación, claramente excesiva. No está tan claro cuán intenso es el efecto directo de los gases de efecto invernadero (de los cuales el principal es el vapor de agua, cosa que no se suele decir). Además no menciona un asunto clave, y es que también puede ser que a más temperatura más CO2 (no es simplemente una posibilidad, se sabe que ha sucedido a menudo durante la historia climática de la Tierra), porque algunos sumideros como el mar se transforman en fuentes de CO2.
Hay ahora menos CO2 del que ha habido en la mayor parte de la historia de la Tierra.

La Tierra tiene, como el Sol, unos 4.500 millones de existencia, pero su historia geológica se conoce más o menos bien desde hace unos 540 millones de años. Entonces la evolución de la vida se aceleró en los océanos. Casi abruptamente se multiplicó el número de especies y se modificaron los tamaños y las formas corporales de los animales marinos.

A diferencia de los animales anteriores, pequeños y de cuerpos blandos, las nuevas especies desarrollaron caparazones y esqueletos calcáreos, duros, que han quedado insertos en los estratos de rocas sedimentarias. La abundancia de estos fósiles aporta muchas claves sobre los cambios ocurridos desde entonces en la geología y en el clima.

A mediados del Silúrico, hace unos 420 millones de años, ocurrió un fenómeno biológico fundamental: aparecieron las plantas vasculares, plantas con tallos rígidos y tejidos conductores hechos con una nueva sustancia orgánica, la lignina, que les daba el soporte estructural necesario para poder crecer en vertical. Aparecieron los árboles y se desarrollaron los bosques y esa explosión de vida fue posible en una atmósfera bastante más caliente y húmeda que la actual y con mucho más CO2 en ella que el que hay hoy día.

Después el CO2 del aire fue decreciendo, hasta un nivel muy bajo, semejante al de ahora, probablemente debido al enterramiento de gran parte del CO2 convertido por la fotosíntesis en carbono orgánico. Ocurrió hace 300 millones de años, al final del Carbonífero, llamado así precisamente por eso, por las grandes cantidades de carbono que quedaron enterradas sin oxigenación en el subsuelo. La vida ahí fuera, tal como la conocemos ahora, podía haber acabado, por falta de una materia prima esencial: el CO2.

Pero no ocurrió así y de nuevo la actividad volcánica suministró el CO2 necesario al aire. Creced y multiplicaos, dijo entonces Dios a los dinosaurios, y aprovechándose de una atmósfera riquísima en CO2 que permitía mantener una apetitosa y lujuriante vegetación, tamaño super, así lo hicieron. Y el Jurásico, con una concentración de CO2 de 5 a 10 veces superior a la actual fue su mejor época.

Ay, luego las cosas decayeron y poco a poco, el CO2 fue disminuyendo hasta llegar al triste y frío Cuaternario, en el que estamos metidos desde hace 2 millones de años, con glaciaciones siempre al acecho, y acompañando al frío unas cantidades nimias de CO2. Muy lejos, muy lejos aún, de la abundancia de antaño.

La preocupación por el debilitamiento de la capa de ozono fue un asunto muy en boga entre los activistas del ecologismo durante los años 80 y parte de los 90. Hoy casi se ha olvidado el tema, que ha sucumbido al envite mediático de la alarma sobre el clima. De hecho, es significativo que el último informe del IPCC pase de puntillas sobre el caso del ozono, y hay que remontarse hasta 2005 para leer un informe oficial al respecto.

En la actualidad no existe razón científica alguna para relacionar la disminución de la capa de ozono con el supuesto calentamiento del clima de origen antropogénico. De hecho, el debilitamiento de la capa de ozono sobre la Antártida (el célebre agujero) ha tenido un efecto muy distinto a nivel regional. Según han demostrado imágenes tomadas con sensores de la NASA, la "piel" de la Antártida, es decir, los primeros milímetros de profundidad de la banquisa, se está enfriando, y llegó a mínimos históricos hace un par de años... precisamente en el lugar que debería haberse visto más afectado por el debilitamiento de la capa de ozono.

¿Confundieron los responsables de la nota de prensa la capa de ozono troposférico que nos protege de las radiaciones solares con el ozono atmosférico? Este segundo sí que está relacionado directamente con la contaminación industrial y motora, aumenta (no disminuye) en periodos de mayor radiación solar y calor y sí tiene una incidencia demostrada en algunos trastornos respiratorios pero no en el cambio climático.

"El ambiente social que envuelve al tema del cambio climático presenta una evidente sintomatología de gregarismo". "El fenómeno ha alcanzado unas altas dosis de espectacularidad y, como en otras tendencias sociales pasadas, la espectacularidad conduce a la extrapolación exagerada". Hoy, cada declaración sobre la salud, el medio ambiente y la economía ha de incluir alguna referencia, siquiera de pasada, al cambio climático. Probablemente porque de ese modo tendrá más probabilidades de ser escuchada.

La investigación suele ser un sistema que se alimenta a sí mismo. Si un científico propone un estudio que conduce a la conclusión de que no hay problema alguno que arreglar, lo más probable es que la sociedad no le permita seguir investigando en ese área, por considerarlo inútil. Por el contrario, si detecta algún problema grave, pronto encontrará el estímulo para que siga trabajando en su solución. Y el problema de moda, el que más dinero mueve, el que mejor garantiza la financiación de los proyectos de investigación, el que más probabilidades tiene de ser acogido en los medios, el que más asusta y con mayor calado profundizará en las conciencias de los receptores del mensaje es el cambio climático. Por eso hay que incluirlo en el ideario de cualquier institución que pretenda hacer llegar un mensaje al gran público.

Está claro: si quiere tener éxito, ponga un poco de cambio climático en su vida. Aunque sea con calzador. Aunque para ello tenga que forzar un poco la realidad. Hoy en día, el calentamiento global no puede faltar en una buena nota de prensa, en un buen anuncio sobre las virtudes medioambientales de una marca de yogures o en un buen programa electoral.

Nos ofrecen estremecedoras imágenes del 2% del territorio de la Antártida que se está calentando. ¿Tienen pensado ya cómo van a rodar en sucesivas entregas el 98% del territorio que se ha enfriado en los últimos 35 años?

Estremece escucharles hablar de la cantidad de muertes que producirá el aumento de la temperatura en el futuro. ¿Han calculado el número de fallecimientos por frío que se evitarán? Algunos científicos lo han hecho. Le sirvo los datos, por si tienen a bien incluirlos en el próximo documental que se va a entregar en las escuelas. Anualmente, un aumento de un grado en las temperaturas causaría 2.000 muertes por golpe de calor en el Reino Unido, pero supondría 20.000 fallecimientos menos por frío.

Retrasar sólo 6 años el efecto del supuesto cambio climático sobre el planeta costará a los países firmantes del Protocolo de Kioto 150.000 millones de dólares. ¿Saben lo que costaría dotar de agua potable y sanidad a todos los habitantes del mundo? ¿No? Pues pueden preguntarle a la propia ONU: 75.000 millones de dólares. Justo la mitad. ¿Qué inversión les parece más rentable?

Hace años nos quisieron convencer de que los humanos nos achicharraríamos por culpa del agujero en la capa de ozono. ¿Su apoyo a la causa del cambio climático, ahora, significa que usted ya no cree en los postulados catastrofistas sobre el ozono, que el ozono ha pasado de moda, que lo del ozono ya se ha arreglado o, simplemente, que de algo hay que morir?

¿Creen que, en próximas ediciones del gran apagón contra el cambio climático, los 2.000 millones de ciudadanos del mundo que viven aún sin energía eléctrica deberán apagar las velas, o cerrar los ojos para salvar al planeta? ¿Cuánto tiempo creen que esos 2.000 millones de personas tardarán en tener luz eléctrica ecológicamente sostenible en sus casas? Mientras les llega la energía verde, ¿creen que será malo para el medioambiente que quemen algo de carbón para calentarse?

El calentamiento global es un enigma. Lo más importante, a mi juicio, es que el hombre sólo produce el 5% del CO2, que, según los titirecólogos, tanto daño hace al ozono. La mayor parte proviene de los volcanes y otras combustiones naturales. Yo empezaría por quitar todas las subvenciones a esos charlatanes.

Maquiavelo dijo: si tenemos una hipótesis buena para qué hay que demostrarla. Al Gore añade: incluso, ¡para que molestarse si hay consenso!


hilarioideas@hotmail.com