EL 2 DE MAYO Y SU RANCIA RELECTURA


Estas últimas semanas hemos asistido a un espectáculo bochornoso de relectura interesada de la historia de España, aprovechando que se conmemora el 200 aniversario de los enfrentamientos del 2 de Mayo de 1808, entre el pueblo de Madrid y las tropas napoleónicas.

El PP, con Aguirre al frente, ha aprovechado la efeméride para dar una vuelta de tuerca más a su concepto más rancio de España como nación, en relación directa con su ideario más franquista. No en vano, Franco, siempre considero que los males de España nacen con la entrada del siglo XIX y el liberalismo. De hecho, su régimen no pretendía restituir la España anterior al 14 de Abril de 1931, sino volver a la España preliberal, la anterior a la Constitución de Cadiz de 1812, y que es precisamente esa que se opuso, no solo a las tropas napoleónicas, sino a un tránsito del absolutismo al liberalismo, tal y como había ocurrido en otros paises europeos. Y si no me creeis, haced un visionado de Raza, y quedareis pasmaos, pasmaos, pasmaos...

Pero además, se ha hecho cómplice de la operación a Francisco de Goya, precisamente uno de los afrancesados que anhelaban un cambio en sentido liberal de España, aunque fuese a costa del bonapartismo imperial. Estos días, su famoso cuadro de los Fusilamientos, ha sido enseñado como la imagen de "la resistencia madrileña frente al invasor napoleónico".

Sinceramente, creo que es tergiversar el ideario de Goya, que estaba más cerca de Bayona o Cádiz, que del "¡Vivan las caenas!" o del "¡Que nos lo llevan!". Por eso hoy, como imagen de la entrada, he puesto este aguafuerte de Los Caprichos, que unos años antes del 2 de Mayo, ya advertía de la catástrofe que significaba la España negra, absolutista, supersticiosa, ultracatólica, antiliberal, en definitiva, girada de espaldas al cambio histórico iniciado en Europa por la Revolución francesa. El siglo de las luces no fué tal para España. Lo fué solo en las mentes de los Goya, los Larra, los Mendizábal, los Pi i Margall...Por lo tanto, señora Aguirre (y también, De La Vega), separemos el trigo de la paja, y no confundamos una revuelta popular contra los abusos de los militares franceses, en un panegírico del nacimiento de la nación española.