RESPUESTA A JORGE DIONI (II)

El segundo punto de mis desacuerdos con Jorge Dioni, es que no se puede considerar a Falange como una tradición partidaria al uso, teniendo en cuenta que el falangismo ha sido cosas diferentes al fundarse, durante la Guerra Civil, durante el franquismo, y después de la Transición.

Falange Española nace en 1933, impulsada por Jose Antonio Primo de Rivera, como un partido que se puede asimilar al Partido Nacional Fascista italiano, al menos en el imaginario y en las clases sociales a las cuales se dirige. Una mezcla de autoritarismo castrense, ultranacionalismo español, y un lenguaje obrerista, anticapitalista y antiliberal, que la propia Falange definirá como nacionalsindicalismo.

Pero a diferencia del partido de Mussolini, su apoyo electoral y popular será muy minoritario, casi testimonial, durante la II República, tal y como explicaba en la primera parte.

Una vez comenzada la Guerra Civil, la parte más conservadora de Falange, identificada con el Alzamiento pese a la oposición del propio Jose Antonio, servirá de ayuda paramilitar al bando franquista, ayudando en la represión política en los territorios que Franco fué conquistando, y en los que se impuso desde el primer momento, el terror y la depuración sistemática.

En 1937 se unificó por decreto a Falange con el carlismo tradicionalista y con la CEDA, pasando a ser denominada Falange Española Tradicionalista de las JONS. Con esto, se inició el camino para la conversión de Falange en partido único del régimen, y empezó un divorcio en el seno de la organización entre los sectores más leales a los principios joseantonianos, y los nuevos dirigentes que veían en el partido una estructura de poder y de ascensión social.

El final de la guerra, y la necesidad de Franco de dotarse de legitimidades internas y externas, y de unos aparatos estatales que funcionaran como resortes del régimen, hizo que definitivamente FET de las JONS fuése el partido único de la España franquista, y uno de sus pilares, junto al Sindicato Vertical, en la llamada democracia orgánica. En esos años, desde la guerra hasta la consolidación del franquismo, se vivió la reconversión de antiguos políticos conservadores a falangistas, como el caso del propio Ramon Serrano Suñer, el cuñadísimo, antiguo diputado de la CEDA. Falange era una parte del Estado, y una carta de presentación indispensable para optar a ciertas áreas de poder.

Con los años, Franco prefirió confiar en los sectores ligados al Opus Dei y los tecnócratas, más que en la vieja guardia joseantoniana, que se sintió arrinconada y traicionada por Franco, al que acusaron de matar políticamente al falangismo. Aún así, Franco saco rendimientos de la imagen de mártir de José Antonio, aprovechando la circunstancia de su fusilamiento sumarísimo por parte del ejército republicano.

Esa fractura se expresó orgánicamente una vez muerto el dictador, cuando al convocarse las primeras elecciones democráticas, acudieron a ellas diversas organizaciones que se reclamaban del falangismo. Además, los cuadros principales del falangismo franquista quedaron encuadrados en otras formaciones como UCD (por ejemplo, Suárez, que había sido Ministro Secretario General) o AP (Manuel Fraga, exministro).

Curiosamente, como en tiempos de la II República, el apoyo electoral en la España democrática ha sido escasa para los que se reclamaban del falangismo. Incluso un partido residual del franquismo, Fuerza Nueva, obtuvo representación parlamentaria a través de Blas Piñar.

Por lo tanto, podemos concluir que la tradición falangista no ha sido tal, o en caso de que lo sea, la relevancia de su cultura política es más bien escasa. En realidad, a los joseantonianos con el falangismo les pasó lo mismo que a los radicales con el liberalismo: eran de algo que, en España, no existía, y acabaron engullidos por las grandes coaliciones conservadoras españolas, hoy unificadas en el PP, pese a las últimas trifulcas...

2 comentaris:

jorgedioni ha dit...

Cierto, cierto pero, insisto, yo no hablaba de la ideología (que Falange perdió enseguida), sino de cómo se mueve la gente en los partidos. El franquismo y el antifranquismo duraron 40 años y fueron la escuela de todos los políticos de más de 45. Si uno lee libros sobre la UCD ve que el comportamiento de sus familias era parecido al de las familias del franquismo (cada una con un medio afín y la necesidad de imponerse al resto). Y el PP reproduce ese comportamiento.

Mi reflexión no es sobre la ideología, insisto, sino sobre cómo actúan los partidos internamente, por ejemplo, ese establecimiento de grupos que luchan por hacerse con el poder.

Y afecta a la relación (malsana) que tiene la prensa con los políticos. (http://www.jorgedioni.com/blog/?p=518)

Un saludo

Toni Salado ha dit...

De acuerdo Jorge, aunque eso ya entra en nuevos debates. A ver si puedo publicar hoy o mañana la parte III, que es la que más me parece de actualidad.

Un abrazo.