"La cultura política española (sobre el funcionamiento interno de los partidos) tiene dos tradiciones: el PCE y la Falange. La práctica totalidad de la gente que organizó los partidos políticos en España durante la Transición pertenecía a una de estas dos tradiciones. Mezclados, claro, los falangistas fueron a todos los partidos y los comunistas, sobre todo los trostquistas, también. Y no son tradiciones democráticas. La tradición es cainita, autodestructiva, solucionando la disidencia con expulsiones o fusilamientos, de creación de camarillas de plena desconfianza mútua, usando los medios para la lucha interna. Y, sobre todo, presidencialistas y providencialistas, que no es lo mismo."
Estoy bastante en desacuerdo con estas afirmaciones, y he creido mejor hacer 3 posts para explicarme sin hacerme pesado, a la vez que sin simplificar mis respuestas en un comentario, cayendo en el reduccionismo en un tema tan complejo. No pretendo pontificar ni sentar cátedra de nada, porque no soy historiador, ni politólogo, ni antropólogo, ni el compañero Dioni tampoco, así que en esto estamos empatados.
Solo pretendo iniciar un debate que puede ser interesante para nuestro presente, y que además, nos ayude a reconstruir en positivo el pasado, a raiz de un comentario de otro compañero. ¿Para que están los blogs, si no?
Básicamente, hay tres cosas que no comparto:
1- Que la del PCE y la de Falange sean las dos tradiciones organizativas de la "practica totalidad" de los partidos que se constituyeron durante la Transición.
2- Que se puede considerar al falangismo franquista como una tradición partidaria.
3- Reducir la tradición organizativa comunista a las prácticas más nocivas del estalinismo y del trotskismo.
Sobre el punto 1:
Un primer comentario que, aunque parezca somero, tiene su importancia: en la Transición participaron partidos ya organizados, y partidos que se organizaron o reorganizaron durante el proceso. De los primeros, serían ejemplo el PCE y el PSUC. De los segundos, UCD, pero también el propio espacio de los socialistas, que por ejemplo, en Catalunya, tenia multiples organicidades antes de convertirse en el PSC (PSC-PSOE) que conocemos. El PSOE, durante el periodo de la dictadura, sufrió una discontinuidad en su centenaria historia, interesante de analizar, pero que da para otro post individual.
En la política española, han existido otras culturas políticas que habían organizado partidos, y a las cuales, Jorge, no tiene en cuenta. Cito algunas importantes, por haber sido mayoritarias en sus respectivos momentos y territorios: La Lliga, ERC, el PNV y el PSOE (estos dos, partidos centenarios, recordemos). Y otra, que aunque se reclamó de un esquema no partidario, también
organizó políticamente: la tradición libertaria de la CNT, que tuvo una fracción que montó la
FAI, que
de facto funcionaba como un partido ácrata.
También ha habido una tradición organizativa (o tal vez, desorganizativa) de las derechas españolas, de entre las cuáles, en nuestra historia más moderna, destaca la amalgama de monárquicos, católicos, agrarios, y radicales (Lerroux) de la
CEDA, representada por Gil-Robles, en la que por cierto, no participaba
Falange Española, fundada por José Antonio Primo de Rivera, y que se presentaba a las elecciones al margen de la gran coalición conservadora, cosa que le costó ser fuerza extraparlamentaria en 1936, no pudiendo Jose Antonio conservar su acta de diputado conseguida en 1933 en candidatura conjunta con la gaditana
Unión Agraria y Ciudadana.
Solo con este último dato, se advierte que la afirmación hecha por Jorge sobre Falange era un poco atrevida, pero en el segundo post/punto, entraré más en detalle en el tema del falangismo antes del franquismo, durante el franquismo, y después del franquismo.
Para acabar con este primer punto, solo diría que hay que tener en cuenta que las organizaciones políticas son productos históricos, y que como tales, se ven influenciados por múltiples factores, que además son dinámicos y con límites no siempre tangibles. ¿Se puede decir que no hay influencia de los sindicalistas libertarios Seguí o Layret en el PSUC al organizar las CC.OO.? ¿Se puede decir que la CNT de Federica Montseny no le debe nada al republicanismo federalista y catalanista? ¿Lerroux no está contaminado por la tradición canovista?. Querer hacer disecciones tajantes en cuanto a tradiciones políticas se refiere es un ejercicio arriesgado, y se presta rápidamente a la contradicción.