Cosas veredes...Resulta que los apóstoles del libre mercado absoluto, de la mano invisible, que parecía ser más divina que la de la capilla Sixtina, ahora han descubierto que la intervención pública en la economía no es tan mala, y que incluso puede llegar a ser no solo posible, sino necesaria...Vaya, no está mal: solo han tardado un siglo en aceptarlo...Pero en este mundo de hoy en el que la hegemonía la sigue teniendo el capital financiero y su pensamiento, la tergiversación de los conceptos, en especial los que deberían ser de dominio de las izquierdas, es flagrante.
Los medios de comunicación, reproduciendo las declaraciones de los estamentos financieros, hablan de intervencionismo del Estado. Un concepto, que coloca el papel del Estado a posteriori. El mercado hace y deshace, y después ante el desmán, el Estado interviene. Una visión diferente de la que la izquierda ha defendido históricamente, es decir, la iniciativa y el control público de la actividad económica. Esta nueva moda del intervencionismo (maldito en otros tiempos) solo va a servir para propiciar un estado de opinión favorable que permita que con dinero público, se salve el culo (con perdón) a los especuladores financieros e immobiliarios a ambos lados del Atlántico.
Por eso, creo que lo propio es que se reivindique la iniciativa y el control público de la economía, algo que la propia Constitución Española reconoce en los artículos 128 y siguientes. Es decir, un papel a priori del Estado en la economía, como garante de la redistribución de la riqueza que se genera, y que tiene múltiples implicaciones.
La primera, en la propia manera de producir, o dicho de otra manera, en las condiciones de trabajo. Un marco laboral justo es la primera medida de reparto equitativo de la riqueza, ya que significa repartir la plusvalía desde su marco de generación, que es el trabajo. Sin embargo, aquellos que piden ahora la intervención del Estado, también piden ahora la desregulación del mercado de trabajo. ¿Contradictorio, no?
Una segunda vía de actuación del Estado en la economía, es la política fiscal. Tanto para empresas como para particulares. Ayer Zapatero, en plena proclama keynesianista, reivindicaba el papel del Estado para regular la economía y redistribuir la riqueza. Perfecto, en eso coincidimos. Pero si eso es así, ¿porque eliminar el Impuesto de Patrimonio, que ayuda a esa redistribución?. ¿Porque seguir rebajando IVA y Sociedades?.
Relacionado con lo anterior, otro instrumento de iniciativa pública en la economía es la política presupuestaria. Se ha presentado el Presupuesto 2009 con un ligero déficit (un calculadísimo 1,5%: ni cero ni el 3% máximo según los criterios de convergencia). La bajada de ingresos provocada tanto por los menores tipos de los impuestos directos, como por la menor recaudación de impuestos indirectos debido el descenso en el consumo y la actividad económica, ha obligado al estado a recortar en todas la partidas, justamente cuando son más necesarias.
Y por último, está la iniciativa directa del Estado en la economía, a través del control de sectores estratégicos, y de instrumentos que permitan planificar y orientar la actividad económica, pese a que especialmente en nuestro entorno, la Unión Europea, los mismos que demonizan (y sancionan a los Estados) estas opciones en nombre de la sacrosanta libre competencia, ahora se desviven porque el BCE siga inyectando liquidez al sistema.
Y por último, está la iniciativa directa del Estado en la economía, a través del control de sectores estratégicos, y de instrumentos que permitan planificar y orientar la actividad económica, pese a que especialmente en nuestro entorno, la Unión Europea, los mismos que demonizan (y sancionan a los Estados) estas opciones en nombre de la sacrosanta libre competencia, ahora se desviven porque el BCE siga inyectando liquidez al sistema.
En definitiva: hay muchas maneras de que haya participación pública en la economía, pero unas tiene vocación de continuidad porque responden a un modelo económico y social de equidad, y otras, vestidas de seda y de inevitabilidad, solo buscan salvar el pellejo hoy y esperar al próximo pelotazo del mañana. Así que, ¡Al loro, no me los embauquen!
