A estas alturas y con la profusión de vídeos sobre el tema, no hace falta pararse demasiado en la descripción de los hechos ocurridos en Barcelona estos días, a raíz del desalojo de una serie de personas, contrarias al denominado
Plan Bolonia, que ocupaban desde hacía meses el edificio de la UB de Plaça Universitat. Me parece más adecuado, opinar por partes diferenciadas sobre las causas y sobre las consecuencias, ya que en el río revuelto de la indignación ante una actuación policial desproporcionada, hay muchos y variados
pescadores, tanto a
zurda como a
diestra.
1-Sobre la actuación policial.
La actuación policial fué inadecuada y desproporcionada, como se desprende del saldo de heridos, especialmente de transeuntes y periodistas. La investigación abierta por Saura debe depurar responsabilidades por estos excesos, a los niveles que sean necesarios.
Pero se necesita más: una revisión del protocolo de actuación de los antidisturbios es imprescindible, pues está claro que esta nueva hornada de Mossos, no tienen claro los límites entre dispersar/reestablecer el orden, de lo que es perseguir manifestantes porra en mano en actitud vengativa. Tampoco lo de pegar y luego preguntar es de recibo, en especial contra aquellos que están allí trabajando, la prensa, para garantizar un derecho constitucional básico como el de la infromación.
Así como se han modificado reglamentos para prohibir el kubotan, para instalar cámaras en las comisarias, o se ha hecho el Comité de Ética, es necesario establecer mejor los límites de quien usa la fuerza y contra que, quien, cuando, y hasta donde.
Pero dicho esto, a nadie se le escapa que Saura tiene
muchos elementos adversos en Interior, precisamente por romper el
status quo político-policial a través de esas medidas tan avanzadas; y esos elementos, aprovechan toda oportunidad para menoscabar la credibilidad de Saura, contando muchas veces con complicidades externas
hasta extremos vergonzosos.
Los grandes beneficiarios de todo este tinglado han sido otros, que han visto como la atención se desviaba hacia Saura, dejando en segundo plano la huelga de la enseñanza, minusvalorada también por los medios de comunicación. Quien me conoce sabe que no soy de los que creen en las conspiraciones mundiales, pero solo hace falta el canto a la
sociovergencia de
El Periódico de hoy, para ver que algo huele mal, y no precisamente en Dinamarca...
2-Sobre los/las "antibolonia".
Esta es una cuestión compleja y que va más allá de los hechos de esta semana. Por una parte, no se debería de dar a los/las "encerrados/as", la categoría de ser "el movimiento estudiantil". En todo caso, son una parte, y bastante minoritaria. Si hablamos del conjunto de estudiantes, son una parte ínfima. A mi tampoco me gustan muchas cosas de las que propone el EEES, pero el reduccionismo con que lo trata ese movimiento, estrecha al máximo la posibilidad de encontrar alianzas entre estudiantes, profesores, y PAS.
Pero lo peor, es que los métodos de reivindicación ya han llegado a extremos no vistos antes (piquetes para que no se haga clase, encierros indefinidos, una huelga de hambre...), estan enrareciendo la vida universitaria hasta puntos insoportables, que ya han acabado en episodios de violencia física en algunas facultades, y que amenaza con poder ir in crescendo. En mis años de claustral por AEP, también cortamos las Rondas y la Diagonal, también se hicieron ocupaciones de edificios (de días, pero condicionadas a una negociación: con principio y final), pero en ningún caso cerramos facultades, o impedimos a estudiantes y profesores hacer clase con normalidad de manera indefinida.
La primera obligación de un estudiante es estudiar, aprobar, y luchar por hacerlo en las mejores condiciones. Si alguien quiere asaltar los cielos, me parece muy bien, pero eso no puede condicionar a la inmensa mayoría, que quiere hacer otra cosa.
Por desgracia, la torpeza policial ha dado un balón de oxigeno a la marginalidad política en la Universidad, que ahora, tiene ese motor inmóvil que se llama acción-reacción, y que se justifica por si mismo, sin necesidad de más causas.
El movimiento estudiantil debería huir del debate en ese terreno y no hacer seguidismo, y debería reconstruir consensos en la comunidad universitaria para replantear las alternativas a Bolonia, y aislar a una minoria sectaria que ha llevado la discusión sobre el futuro de la Universidad a un callejón sin salida.
3-Sobre algunos debates en las izquierdas a consecuencia de los hechos.
a)Sobre la decisión de que ICV-EUiA gestione o no Interior.
Para mí es un debate, que hoy, no conduce a ningún lado. Se decidió, no sin críticas externas e internas, asumir esa responsabilidad espinosa, y los hechos, nos hacen ver que es más difícil de lo se piensa reformar el modus operandi de las Fuerzas de Seguridad, y que tal vez, con solo 12 diputados y diputadas, nos enfrentamos a algunos molinos...
Pero demostrar que la seguridad pública puede ser diferente, merece la pena, y aquí ya hemos dicho algunas de las iniciativas pioneras que se han llevado a cabo bajo la dirección de Joan Saura; y es por eso, porque se puede, la razón de ataques virulentos desde diversos sectores.
b)Sobre las relaciones entre IU, ICV, y EUiA tras los hechos.
En algunos blogs de
I love IU, se han reproducido opiniones de algunas personas que pedían una revisión de los acuerdos entre estas fuerzas, e incluso, la
suspensión del acuerdo para las europeas, o la
ruptura de relaciones y de acuerdos.
Sin duda, entre las gentes rojiverdesvioletas no ha sentado bien el despropósito de la policia, y la petición de una investigación y de depuración de responsabilidades está más que justificada.
Pero eso no puede echar al traste la configuración de un espacio electoral a la izquierda de la socialdemocracia que hoy por hoy, representa una de las pocas alternativas para muchísimos trabajadores y estudiantes.
Solo desde el sectarismo o desde el izquierdismo irresponsable, se puede llamar a la ruptura de un espacio plural de las izquierdas que se reclaman transformadoras, que además, algunos/as pretendemos que vaya a más en lo electoral, pero también en lo político y en lo social, configurando una auténtica mayoría social de progreso.