CONFUSIONES POCO ACEPTABLES EN "EL PAIS"

Hoy es el quinto aniversario del atentado del 11-M en Madrid, y el diario EL PAIS dedica diversos artículos a la efeméride. Uno de ellos, escrito por Jorge A. Rodríguez, trata de explicar la vida en prisión de los ya condenados. Me ha parecido poco riguroso.
Empecemos por el subtítulo: "Los 12 presos musulmanes están en aislamiento, y los tres españoles, no". ¿No se puede ser español y musulmán?. El titular, siguiendo el criterio religioso, debería ser "Los 12 presos musulmanes están en aislamiento, y los 3 cristianos, no".
Pero la cuestión es, ¿porque se antepone el credo a cualquier otra característica? Si lo que se quiere decir es que el móvil de los terroristas estaba ligado al integrismo islamico, es así como se debería haber expresado, porque de lo contrario, facilitamos el paralelismo musulmán = integrista islámico, y por ende, musulmán = terrorista.
En un país como España, que ya tiene suficientes elementos (algunos actuales, otros históricos) de reacciones xenófobas contra el mundo musulmán, no caben estos reduccionismos por parte de los medios de comunicación, que se entiende, deberían informarse y formarse mejor sobre los temas de los que escriben, y sobretodo, cuidar el lenguaje en temas que pueden provocar tensiones sociales.
Después, el articulista sigue en sus trece, diferenciando a los presos "practicantes" de los "no practicantes". Además de que esta clasificación puede ser correcta para nuestro entorno judeo-cristiano, pero en el mundo islámico no encaja exactamente, se vuelve a meter el tema religioso de por medio, sin venir a cuento. Si rezan o no en la cárcel, es un acto privado que a efectos penales/penitenciarios, no dice nada. De los 3 españoles, no se nos dice si son o no practicantes, porque se entiende que nada tiene que ver con su condición penal.
Y hay detalle que no me parece aceptable. El artículo empieza con el siguiente párrafo:
"Jamal Zougam tiene 35 años de cárcel por delante y 192 muertos a sus espaldas. El viernes hará cinco años que cayó preso, acusado de haber colocado algunas de las 13 mochilas bomba del atentado del 11 de marzo de 2004. Vive aislado y solo en su celda del penal de Alicante, pero vive. El jueves que viene cumplirá otro lustro de presidio José Emilio Suárez Trashorras, el minero esquizofrénico que llenó de dinamita las manos de los terroristas, cuya vida es más amable en el módulo terapéutico de Mansilla de Mulas (León), sin remordimientos confesos por tanto asesinato cometido por su falta de escrúpulos".
¿Que significa "pero vive"? ¿Que no debería vivir? ¿Que debería malvivir?. En un momento en que ha vuelto el debate de la cadena perpétua (no nos engañemos, el transfondo es la pena de muerte), tratado de manera torticera en medios públicos y privados, un comentario de este tipo, a mi entender, sobra. Y si no, que se escriba un artículo de opinión al respecto, pero no una crónica sobre los hechos con valoraciones subjetivas de este tipo.
De la misma manera, el articulista no puede entrar a valorar si Trashorras vive "sin remordimientos confesos por tanto asesinato cometido por su falta de escrúpulos", algo que en todo caso ya no importa más que al interesado, pues el arrepentimiento (que no remordimiento) puede funcionar como eximente que reduzca el marco penal abstracto en el momento de imponer la pena, pero no después, durante el cumplimiento de la condena. A las víctimas, creo que les puede interesar, en todo caso, una petición de perdón por parte de Trashorras, que es independiente del remordimiento o no, más en el caso de una persona enferma mental.
En definitiva, y sin que el ánimo sea criticar a este periodista en concreto, creo que los medios de comunicación deben ser más rigurosos en el lenguaje y en el tratamiento de los temas, y separar nitidamente la exposición de los hechos de las valoraciones subjetivas.