A MANOLA RODRIGUEZ, IN MEMORIAM



Hoy he sabido que hace unos meses murió Manola Rodríguez, militante histórica del PCC. Su familia no había comunicado a nuestra organización su fallecimiento.

He sentido una tristeza enorme. Para mi y para otros/as militantes comunistas, Manuela Rodríguez Lázaro, la Manola, era una referencia de lucha y compromiso. La conocí hace más de una década, cuando los CJC la invitamos a la universidad para un acto. Durante el trayecto en metro hacia nuestro barrio común, el Carmel, me contó historias que me pusieron los pelos de punta: como luchó en el frente los primeros días de la guerra, como tuvo a su primer hijo en la cárcel, como torturaron a uno de sus hijos delante de ella para que unos de los dos hablaran, pues la policía sabía que eran del PSUC, como escondió a mineros huelguistas en su casa, como cuidó a veces de Estrella, la hija de Miguel Nuñez, otro de los imprescindibles que nos dejó hace un tiempo.

Feminista, sindicalista, y comunista, mantuvo su actividad política hasta que su salud se lo permitió, como demostraba en sus charlas con el grupo Dones del 36. Pese a su delicado estado de salud, en muchas ocasiones no quiso perder la oportunidad de discutir políticamente como PCC o como EUiA del Carmel. En el 2001 recibió la Medalla Francesc Macià de la Generalitat por su trayectoria política y sindical.

Pero tal vez su faceta menos conocida fué la de poeta. Por eso, yo quiero rescatar dos de sus poemas como homenaje. Son de su libro Latidos. Descansa en paz Manola, yo tampoco olvido, yo tampoco te olvido.


EL OLVIDO

Yo no llamo,
al olvido,
traición,
ni generosidad,
ni a la cuenta nueva
volver a empezar...

Yo,
sencillamente,
no olvido.

El hacerlo sería
reconocer
no haber vivido.

Y yo, vivo.



A VOSOTROS Y VOSOTRAS, UN DIA TRISTE PENSANDO QUE ME IRE

Ya me he ido,
pero estoy.
Me da igual ser yo
que una flor.

Ellas son testigo
de mi retiro,
con vosotras y vosotros
alrededor.

Por eso estoy,
no me he ido.

Desde donde me coloquéis
os miro.

MARCOS ANA, DIGNIDAD Y COMPROMISO EN VERSO



El pasado jueves asistí en Barcelona al acto de homenaje que la Fundació L'Alternativa y Alternativa Jove - Joves d'EUiA hacía al poeta comunista Marcos Ana, prácticamente un desconocido en esta España que se ha vanagloriado tantas veces de la modélica amnesia de la Transición, dejando sin el reconocimiento debido a tantos hombres y mujeres.

Pero no por eso es menos poeta que otros más mediáticos, premiados, o citados. Lo que define al poeta no es la gloria, sino el atrevimiento de describir en versos una realidad, un sentimiento, un hecho cotidiano (por nimio que sea), un paisaje...

Marcos Ana tiene una triste récord: ser la persona que más años continuados pasó en las cárceles franquistas (23 años, de los 19 a los 42). Al salir de la cárcel, se exilió a Francia, y desde allí viajó por todo el mundo buscando la solidaridad internacional con el antifranquismo, hasta que pudo volver a España una vez muerto el dictador.

Y de eso es de lo que habla su poesía: de la libertad, del compromiso, del sufrimiento, de como aquellas cárceles del siglo pasado, llenas de hombres y mujeres que habían cometido el delito de luchar por la democracia y el socialismo destrozaban físicamente y psicologicamente al ser humano hasta desmoronarse, como explica en el poema Imaginaria, algo que también había descrito de manera lúcida, incluso a veces tierna, Antonio Gramsci en sus cartas a su esposa Yulca.

Marcos Ana, a sus 90 años, conserva lucidez, ternura, y firmeza de convicciones sin actitudes sectarias. Y una generosidad que contagia. Tras haber dejado toda su juventud en la cárcel, no se expresa con rencor sobre el franquismo y sus crímenes: clama justicia y no revancha. Destaco de su intervención, su concepción abierta del socialismo, que definió entre otras maneras, como un mundo en el que el Sol sale igual de caliente para todos, y que me recordó mucho a los versos del Romiosini de Yannis Ritsos, otro poeta que sufrió cárcel y exilio por las mismas razones que Marcos Ana (tal vez se lo recomendó Manolis Glezos, al que conoció en un acto en París...)

El acto finalizó con una pequeña sorpresa que quiero compartir: su intervención final la acabó con unos versos del turco Nazim Hikmet Ran, otro comunista preso y exiliado como él. Para mucha gente, era la primera vez que escuchaban ese nombre y esos versos, pero para mi, que es un autor de referencia, fué algo muy emocionante escuchar en su voz versos que había leído decenas de veces en casa:

"Has de saber morir por los hombres,
y además por hombres que quizás nunca viste,
y además sin que nadie te obligue a hacerlo,
y además sabiendo que la cosa más real y bella es vivir."