La izquierda y el federalismo en España, ¿como avanzar?

Esta semana hemos conocido los resultados del último estudio del CIS. Además de los temas electorales que los medios destacan, vale la pena examinar otras preguntas hechas a los encuestados. Por ejemplo, la pregunta 20, que hace referencia al modelo de Estado.

Me ha llamado la atención que las personas agrupadas por recuerdo de voto en la columna de "IU-ICV", en un 11,3% preferirían un Estado central sin autonomías (un 10,5% las del PSOE), un 7,5% unas CC.AA. con menos autonomía que la actual, y un 40% (39,3% las del PP) optan por el modelo vigente a día de hoy. Un 21,3% se decantarían por unas CC.AA. con más autonomía, y un 11,3% por unas CC.AA. con posibilidad de ser independientes.

Aunque el muestreo es pequeño, el resultado es preocupante, pues refleja la distancia entre la opinión del votante de IU, y lo que IU, ICV-EUiA, o EB-B defienden en sus programas casi de manera exclusiva: un Estado federal con derecho de autodeterminación, que solo apoyaría un 11,3% de sus votantes. Al no tener resultados por territorios, no podemos saber en que lugares de España se producen las tendencias más centralistas o las más federalizantes, pero en todo caso resulta chocante que más de un 50% quiera el modelo actual o uno más centralista, mientras las opciones de descentralización son minoritarias. El resultado evidencia que es una necesidad trabajar más en la explicación y en la concreción de lo que significa el federalismo, en todas sus dimensiones.

No es solo una cuestión de celebrar debates, seminarios, encuentros, y otros foros de debate sobre el federalismo. Ni tampoco resuelven la cuestión las jornadas entre grupos parlamentarios de las diferentes CC.AA. para examinar el desarrollo estatutario de cada territorio, aunque aporten buenos intercambios de ideas y experiencias.

Se trata de incorporar a la centralidad política del discurso el federalismo, tanto en lo que se refiere a la manera de organizar el Estado, como a la manera de organizar la propia sociedad civil, y en especial, la manera de articular la izquierda social. Debemos contribuir desde la política a que la izquierda social no reproduzca el mismo esquema que, a veces, se da en la izquierda política: utilizar "federal" como marca, pero no como práctica.

Pongo un ejemplo: como afiliado a CCOO de Catalunya, me alegro ver el papel protagonista del sindicato en la defensa del Estatut de Catalunya junto a UGT, pero no hubiese estado mal que CCOO Confederal hubiese hecho al menos un comunicado, ahora que hay una mayoría sindical más sensible a las cuestiones nacionales. En la época anterior, Fidalgo opinaba día sí día también en contra del Estatut, pero ahora, justo cuando más falta hace, nos puede la prudencia institucional, que otros no dudaron en obviar, incluso a sabiendas de la fractura que supone para la clase trabajadora separar los derechos sociales de los derechos nacionales.
Sin complicidades sociales, la izquierda política no podrá hacer hegemónica la propuesta federalista, por la presión centralista por un lado y la presión soberanista por otro (con sus altavoces sociales, sea la patronal, sea la banca, sea la iglesia, o sea una parte del mundo académico).

Algo parecido se puede decir de la propia IU. Pude ver personalmente como gente muy diversa agradecía a Gaspar Llamazares que estuviese en Barcelona en la manifestación del 10-J en defensa del Estatut, pero al día siguiente, también pude constatar la perplejidad de muchas personas que visitaron la página de IU Federal y no encontraron ninguna referencia a la manifestación ni a la presencia de Gaspar en ella, pese a que ICV-EUiA había acudido con cortejo propio también, y obviamente, así se reflejó en sus medios de comunicación.

El conjunto de IU debe reflexionar, a la vista de lo que nos dicen las encuestas, sobre este punto. Solo con afirmaciones o resoluciones, más o menos acertadas, IU no será referencia del federalismo en España, y ni siquiera, lo será entre su base social más próxima. Los cambios sociológicos que se han producido en España en los últimos 30 años son profundos, y requieren análisis y prácticas de nuevo cuño. La tensión entre territorios y CC.AA. ha generado desafecciones que pueden cristalizar en soberanismos, y también nuevos centralismos (como UPyD) que ya no responden a los parámetros de la transición democrática, del momento inicial de la descentralización del Estado. Pero además, si se cayera en el error de considerar que las cuestiones de autogobierno son "de los nacionalistas" (de uno u otro signo), daríamos un paso atrás de gigante en la articulación de las clases populares como clase dirigente alternativa y serviríamos en bandeja una nueva brecha para fracturar a los trabajadores por su origen o sentimiento de pertinencia. Está en juego mucho más que una discusión de competencias, o de ingeniería constitucional.

Y para acabar: por supuesto, el estado federal debe ser republicano. Pero me gustaría que tuviese el estado social de Suecia (monarquía), el modelo ambiental de Dinamarca (monarquía), o el derecho a decidir de Canadá (monarquía), que ha demostrado que se puede hacer un referendum de independencia, y elegir quedarse. Por lo tanto, no perdamos de vista cuáles son las prioridades políticas, los objetivos centrales, y dejemos los desideratum para momentos políticamente más maduros.