A las izquierdas estatales: federalismo y derecho a decidir

Hoy se publica en el diario El País un manifiesto de intelectuales que pretenden defender una opción federalista para el Estado español, y un revulsivo de la "ola soberanista", que entienden no como una reivindicación política que puede ser justa, sino como (una vez más) un desafío al conjunto de la sociedad española.

Sinceramente, yo que me considero federalista de libre adhesión, no firmaría ese manifiesto, que me parece un intento de refundación del constitucionalismo inmovilista. 

No solo porque lo firmen algunos españolistas declarados como Mario Vargas Llosa o Félix de Azúa, sino porque todo el texto rezuma esa condescendencia de "nación grande" que solo considera como nacionalismo (exacerbado y desafiante) al de las naciones sin estado, pero en ningún lado aparece una crítica al españolismo rancio tan presente, al neocentralismo del PP, ni al via crucis recortador del Estatut 2006, ni a la negación continuada de la Catalunya nación, a la cual se reduce a una cuestión de sentimiento. Y sobretodo, porque insiste en un error colosal: explicar el federalismo como adversario a la opción independentista, cuando en mi opinión pueden ser complementarios, o al menos, no diametralmente opuestos. No niego la buena voluntad de gente progresista que lo firma para encontrar un nuevo escenario de encaje Catalunya - España, pero ni la redacción ni los contenidos me parecen acertados.

El manifiesto se apoya en una lectura estática de la Constitución de 1978, la cual parece fácilmente permeable a las peticiones de los mercados y la deuda, pero no a las reivindicaciones de los pueblos de este Estado plurinacional. 
Mucho tiempo ha pasado ya desde la aprobación de la Carta Magna, que una gran parte de la ciudadanía actual no pudimos votar por edad, y que se queda pequeña para las aspiraciones democráticas de Catalunya o Euskadi, sean federales, confederales, o independentistas (¿quien ha dicho que solo se puede decidir independencia?).

En pleno siglo XXI, pienso que no se puede defender, al menos desde la izquierda como pretenden algunas de las personas firmantes, que se niegue a un territorio la posibilidad de decidir democráticamente sobre su status político en referéndum. 
Si así lo ha entendido la derecha británica respecto de Escocia, o el Estado del Canadá respecto del Quebec (por cierto, todos esos estados bajo el reinado de Isabel II), el conjunto de la sociedad española, y en especial las izquierdas estatales, deben encontrar el cauce para que se pueda expresar de manera libre y acordada por todas las partes. 
El federalismo busca establecer procesos, es la cultura del pacto y del acuerdo, no el de la componenda (café para todos) o el del dique de contención (antiindependentismo).

Duele a los ojos ver como la actual dirección del PSOE se empeña en negar un avance democrático que ya se está produciendo en otros estados de nuestro entorno, apuntalando un esquema constitucional que ya solo parece servir al españolismo recentralizador.

A día de hoy, de la fuerzas políticas de izquierdas de carácter estatal, solo Izquierda Unida defiende el derecho de autodeterminación en un modelo federal. Ha estado en sus documentos desde su fundación, y en la tradición de su fuerza principal, el PCE, desde siempre; tal vez convendría recuperar las reflexiones sobre este tema de Pepe Díaz, máximo dirigente comunista de los años 30 y 40, por si alguien no recuerda que el origen de este pensamiento no es una respuesta al "auge soberanista", sino que se encuentran en el ADN de la izquierda alternativa desde su nacimiento.

Pero no basta con tenerlo escrito en los documentos desde hace años. Hoy hace falta actualizar el modelo federal  y reivindicarlo como algo que está tan en la agenda como la crisis social: lo veremos en Catalunya, y lo veremos en la nueva etapa que inicia Euskadi: sin la presencia de ETA, con el PNV en la Lehendakaritza y con Bildu como segunda fuerza, la reivindicación nacional vasca tendrá una nueva dimensión más potente, a la que habrá que dar vías de expresión, y en ese escenario las izquierdas plurales del conjunto del Estado deben tener una propuesta federal avanzada, a la ofensiva, y basada no en debates identitarios, sino democráticos: el derecho a decidir, que en mi opinión, es complemento necesario del modelo federal. Sin la posibilidad de libre adhesión, no hay posibilidad de federalismo en sentido fuerte (también alguien podría decir que esto es confederalismo, pero mi problema no es terminológico, sino de contenidos). 
El entendimiento entre federalistas e independentistas será necesario y beneficioso para unos y para otros. La dinámica perversa de retroalimentación entre centralistas e independentistas lleva a escenarios de fractura social por las dinámicas identitarias que comporta, además de a una imposición del que ostenta la fuerza, en este caso, el Estado central.

De la misma manera que simples medidas reformistas ya no sirven para salir de la crisis económica y social que vivimos, sino que hace falta plantear un modelo alternativo, en la organización democrática de la voluntad de las naciones que componen el Estado español tampoco sirven ya reformas parciales de la Constitución: hace falta abrir un verdadero proceso constituyente, una segunda transición, donde el derecho a decidir se pueda ejercer de manera efectiva. Y sobretodo, que todo el mundo que quiera avanzar a un modelo más compartido, tiene un solo enemigo: el centralismo y el no reconocimiento de la plurinacionalidad.