El rapto de Europa


Como es sabido, el continente europeo recibe su nombre de la mitológica Europa, una bella joven fenicia que fué raptada por Zeus mediante engaño y llevada a través del mar hasta Creta.
Viendo a esta Europa raptada por los mercados financieros y a su ciudadanía engañada por el dogma de la austeridad (la solución que cada día se reencarna en fracaso), bien se podría decir que se repite el mito, pero esta vez aún peor: no sabemos a donde nos llevan, o en todo caso, a donde llegaremos.

Hace hoy 63 años, un 9 de Mayo de 1950, el ministro francés Robert Schuman, hacía una declaración que ponía en marcha las bases de la cooperación europea con el horizonte final de una Federación Europea, que comenzaba por la CECA.
Vale la pena leer algunas de las cosas que se decían en ese texto, sobretodo por la evolución posterior, y que a dia de hoy, pueden parecer impensables para la época.

En todo caso, y pese al carácter economicista de su nacimiento, en ella se pusieron muchas esperanzas de progreso de la Europa de la postguerra, y al margen de su papel en la Guerra Fría, se convirtió en un espacio de libertad y desarrollo social y económico sin precedentes en la historia mundial, dando origen al modelo social europeo del bienestar, un espejo en el que se miraban aquellos países que viviamos bajo las dictaduras militares, como España, Portugal o Grecia, regímenes que, a la falta de libertades, sumaban la falta de derechos sociales.

Paradójicamente, estos países del sur de Europa son los que hoy reciben de la Unión Europea el trato contrario: las medidas que les imponen estan acabando con el estado del bienestar que la propia UE ayudo a construir en esos países, y que fué unos de los principales argumentos para la adhesión a la misma. Siempre pensamos que la Europa a dos velocidades se daría entre los Estados veteranos, y los de reciente entrada a la Unión. Pero la realidad hoy es que la diferenciación está entre los paises intervenidos y los paises que financian y se benefician de la crisis de los paises intervenidos.

La deriva antisocial de Europa viene de lejos: la ola conservadora iniciada por Thatcher, las consecuencias de la caida del muro de Berlín y la reestructuración de Europa, el trío de la Azores...y sus sucesivas plasmaciones normativas (Acta Única, Tratado de Maastricht, Constitución Europea...), han desdibujado hasta tal punto la idea política de Europa, que hoy resulta difícil saber hacia donde caminamos, más allá de la unión monetaria y la libre (esta sí) circulación de bienes y capitales.

Las políticas de austeridad impuestas por Angela Merkel al servicio de los mercados financieros estan ahogando las economías europeas, y haciendo aumentar el drama del paro hasta límites no conocidos en Europa desde la época de entreguerras. Y como entonces, el fantasma de la extrema derecha espera su momento, como demuestran encuestas y resultados, para dar el golpe final a la poca democracia real que nos queda. Detras del antieuropeismo y el euroescepticismo conservador lo que hay es la oportunidad de los mercados de acabar con el modelo social europeo, verdaderos negocios multimillonarios en caso de privatizarse la sanidad, la educación, las pensiones, o los servicios esenciales.

En este escenario, las izquierdas, que forman parte de la crisis tanto o más que el resto de actores sociales e instituciones, tienen un doble reto, que corresponde a la doble naturaleza de la actual Unión Europea: la realidad comunitaria y la realidad de los Estados miembros.
Por un lado, visualizar una idea alternativa de Europa, social y de los pueblos, que se pueda plasmar en un bloque de progreso antiausteridad en las elecciones al Parlamento Europeo del 2014. Una Europa que recupere la iniciativa política y los instrumentos que le permitan ser soberana de los grandes mercados de capital internacionales.
Y por otro, ganar en sus respectivos paises para controlar los pilares intergubernamentales, claves en la iniciativa política de la UE, al tener más de la mitad del poder legislativo y el total del poder ejecutivo, en base a la peculiar estructura de checks&balances que rige Europa, descaradamente desfavorable a la institución más democrática: el parlamento europeo.

Y el más difícil todavía: la izquierda tiene el reto de relacionar el relato nacional/estatal con el nivel europeo.

No digo nada nuevo: es lo que ha hecho la derecha europea en las últimas décadas, a veces, desgraciadamente, con la colaboración inestimable de la socialdemocracia europea, que ha arrastrado al conjunto de las opciones progresistas al papel de espectadores, más o menos críticos.

Cada día que pasa es más necesario que la izquierda europea establecezca una estrategia común europea diferenciada por niveles de actuación, y que debería ir articulada conjuntamente con la movilización de la izquierda social, como el sindicalismo europeo.