Algunas reflexiones tras el 27S, con la mirada puesta en el 20D

Aquí van cinco reflexiones personales sobre los resultados electorales del 27 de Septiembre y el espacio político de Catalunya Sí Que Es Pot y sus adversarios, pensando también en qué puede pasar en las elecciones generales del 20 de Diciembre. Aparecen cambios de profundidad, estamos ante un nuevo ciclo político que inicia un mapa político y un sistema de partidos diferente (y no por eso, necesariamente mejor) en Catalunya. La etapa autonómica en Catalunya está agotada, pero está por ver para evolucionar hacia qué.

De momento, en estas elecciones, los partidos independentistas han vencido en escaños, pero no en votos, como pretendían según su propio relato plebiscitario. La suma del 39,54% de Junts pel Si, y del 8,20% de la CUP, da un 47,74% de los votos, que se traduce en un 53,33% de los escaños gracias a la desproporcionalidad territorial de la actual ley electoral. Los 72 escaños (62 + 10) que suma el independentismo son suficientes para formar un gobierno, pero insuficientes a todas luces para llevar adelante cambios de carácter constituyente, y menos de manera unilateral.
Al otro lado del espectro nacional, encontramos a otra ganadora de estos comicios: Ciutadans. Sus más de 734.000 votos y 25 diputados, la colocan como segunda fuerza en el Parlament, con fuerte impacto en las áreas metropolitanas de Barcelona y Tarragona. Ciutadans ha sido la fuerza más votada en 29 municipios, y la segunda más votada en 293 municipios, destacando especialmente la primera posición en la segunda ciudad catalana, Hospitalet de Llobregat. 


Primera reflexión: no sería correcto analizar el apoyo a Ciutadans como un elemento estable y que conlleva un cambio del electorado en todos los ejes ideològicos que esa fuerza representa.
Ciutadans ha sido percibida como el voto útil del NO a la independencia en la lógica plebiscitaria, y ha recogido votos de muchos sectores sociales. Seguramente es un voto prestado en este escenario tan polarizado, que también ha ayudado al PSC, desde opciones más progresistas y reformistas que Ciutadans, a aguantar a su electorado más tradicional. Aún así, el voto a Ciutadans en Catalunya parece tener una base más popular e interclasista en Catalunya que en el resto de España.

Pongamos como ejemplo el distrito barcelonés de Nou Barris: el 24 de Mayo en las municipales, ganó Barcelona en Comú con un 33,79% de los votos, y Ciutadans obtuvo el 12,75% de los votos, por detrás del PSC que obtuvo el 16,28% de los votos. El 27 de Septiembre, ganó Ciutadans con un 22,71%, el PSC quedó tercero con un 18,47% y Catalunya Sí Que Es Pot quedó cuarta fuerza con un 13,81%. ¿Quiere decir esto que en cuatro meses esos vecinos/as han pasado del rupturismo constituyente al constitucionalismo neoliberal? Seguro que no. Pero en las municipales en Barcelona, el eje social/democrático/cambio se superpuso con diferencia sobre el eje nacional, y en esta ocasión, fué al contrario: se impuso el relato plebiscitario, y mucha gente, especialmente en clases populares, ha encontrado refugio y seguridad de que "Catalunya se queda en España" (de cómo se queda, ya es otro tema) en la opción de Ciutadans o el PSC, y no en lo más homologable a Barcelona en Comú, que era la candidatura Catalunya Sí Que Es Pot.
También ha habido fugas de Catalunya Sí Que Es Pot en el sentido contrario: Junts pel Sí obtiene el 21,80% de votos el 27S, cuando la suma de CiU, ERC, y MillorBCN consiguió el 17,52% en las municipales en Nou Barris, o la CUP pasa del 4,23% al 7,41%, incrementos que seguramente también vienen de exvotantes soberanistas del espacio que de ICV-EUiA pasó a Barcelona en Comú, pero la mayor salida de voto parece ser en sentido contrario atendiendo al comportamiento en el conjunto del territorio.


Segunda reflexión: el resultado de Catalunya Sí Que Es Pot no ha sido el esperado, y hay que hacer autocrítica, pero detengámonos a mirar antes algunos aspectos, sin sacar conclusiones apresuradas.
Catalunya Sí Que Es Pot ha obtenido 366.494 votos (8,94%), son más de 6000 votos más que en 2012, pero un 0'96% menos en porcentaje de lo que consiguió ICV-EUiA.
Los primeros análisis de transferencia de voto dan datos complejos, en múltiples direcciones, pero apuntan algunas ideas útiles. Un poco más de un tercio de los electores de ICV-EUiA en 2012 han vuelto a votar ahora a Catalunya Sí Que Es Pot. Las otras dos terceras partes vienen de otros espacios políticos, de la abstención, y de nuevos votantes.
¿A dónde han ido los exvotantes de ICV-EUiA, y de dónde no han venido, para no obtener el resultado esperado?. Es bastante complejo, y hay que tener en cuenta las diferentes realidades territoriales y de clase para entender el comportamiento electoral, además del clima de polarización extrema que se ha vivido. Parece claro que en clases más acomodadas, con más nivel de formación e información, y menos metropolitanas, el exvotante más soberanista ha ido hacia Junts pel Sí o la CUP; y que entre clases bajas, con menos nivel de formación e información, y más metropolitanas, parece que Ciutadans y PSC han sabido captar mejor una parte del voto que, por cuestión social y democrática estaba dispuesta a votar Catalunya Sí Que Es Pot, pero que el posicionamiento en el eje nacional no le daba la seguridad que sí ha encontrado en esas dos opciones.
Aún así, el descenso de porcentaje de voto respecto 2012 es bastante homogéneo en el conjunto del territorio, y se producen incrementos allí donde las organizaciones y la presencia en los ayuntamientos es más fuerte, y generalizando mucho, podemos decir que Catalunya Sí Que Es Pot tiene un voto más de clases trabajadoras y metropolitanas que el que tenía ICV-EUiA en 2012.


Tercera reflexión: a la vista de los elementos anteriores, si se hubiese acudido a las elecciones como ICV-EUiA, y además, se hubiése competido electoralmente com Podem, el resultado habría sido peor para todas las fuerzas políticas de la confluencia. La apuesta unitaria ha permitido mantener un espacio político en construcción como cuarta fuerza del Parlament por delante de PP y CUP. En caso de confrontación, este espacio hubiese sido laminado, con efectos claros: Junts pel Sí estaría más cerca de la mayoría absoluta, Ciutadans hubiese tenido aún mayor presencia metropolitana, y alguna de las fuerzas confluyentes podría haber quedado fuera del Parlament, como le ha sucedido a Unió Democrática de Catalunya.
Hay que mantener esta apuesta unitaria, desarrollarla, hacer que se extienda y tome cuerpo a nivel territorial y sectorial, y que vaya madurando propuestas políticas en base al debate y las experiencias compartidas, y con la acción política del grupo parlamentario.
Los errores cometidos en esta primera experiencia deben servir para no repetirlos en las elecciones generales, y hay que ampliar Catalunya Sí Que Es Pot a más actores sociales y políticos, y a más ciudadanía comprometida.


Cuarta reflexión: si el posicionamiento respecto del eje nacional ha influido especialmente en el comportamiento electoral de las clases sociales a las que se dirigía Catalunya Sí Que Es Pot, y es previsible que la lógica plebiscitaria esté instalada en Catalunya en los próximos tiempos, se convierte en una necesidad afinar más en la propuesta nacional, pensando en los sectores que se quieren recuperar, y a aquellos que se quiere interpelar para formar una nueva mayoría, y teniendo en cuenta que los espacios más independentistas están capitalizados por otras fuerzas políticas.

Atendiendo a criterios cualitativos, y con la voluntad de tener un proyecto para todo el país, Catalunya Sí Que Es Pot debe seguir siendo una fuerza catalanista plural, de punto de encuentro, entre diferentes sensibilidades nacionales que ponen el acento en la necesidad de un referéndum acordado con el Estado para desencallar el conflicto y pasar al proceso constituyente (y/o reforma constitucional, si se precisa) que se desprenda del resultado. No se trata de renunciar a sensibilidades nacionales: se trata de reordenar objetivos y calendarios, si coincidimos en que la consulta o referéndum es el objetivo principal.

Pero en términos cuantitativos (tamaño del voto metropolitano, etc), y pensando además en cómo cerrar el paso a la centralidad que puede adquirir un partido identitario y neoconservador como Ciutadans en el panorama catalán y español, se hace necesario concretar una propuesta que conecte con esas personas que están de acuerdo con el derecho a decidir, pero que quieren una propuesta de nuevo encaje de Catalunya en España, como alternativa a la independencia.

La mayoría de las fuerzas de Catalunya Sí Que Es Pot pertenecen a la cultura federal, y tienen conocimientos, documentación, y experiencia suficiente para elaborar una propuesta de nueva relación entre Catalunya y España, si eso es lo que decide el pueblo catalán en referéndum. Además, es la única fuerza que cuenta con aliados estatales para llevarla a cabo, Izquierda Unida y Podemos, que se han manifestado en ese sentido. Es precisamente en el marco de las elecciones generales del 20 de Diciembre donde puede tener mayor recorrido una propuesta hecha para Catalunya y desde Catalunya, pero que cuenta con socios que la comparten desde una visión y responsabilidades estatales. Hay que aprovechar la contienda electoral de las generales para reposicionar al electorado dubitativo entorno a una propuesta de suma y radicalmente democrática.


Quinta reflexión: un nuevo encaje de Catalunya en España, ¿es reforma o es ruptura?.
Al contrario de quien opina que la única opción de ruptura es la independencia, opino que un nuevo encaje de Catalunya en España, via referéndum, donde se nos reconoce como sujeto político, y abre la puerta a un proceso constituyente estatal y/o una nueva redacción de la Constitución, supone una ruptura con el régimen político pactado en 1978. En contraste, además, ya hay una via reformista sobre la mesa que supone la continuidad con lo establecido en 1978: la reforma constitucional del PSOE, donde no se reconoce a Catalunya como nación, y por lo tanto, no se acepta una consulta o referéndum en el que nos pronunciemos como sujeto político diferenciado del resto de España. También hay sobre la mesa dos vías involucionistas: por un lado, el inmovilismo del PP, que petrifica la Constitución y recentraliza competencias, y por otro lado, la contrareforma del sistema constitucional que plantea Ciutadans, acabando con el autonomismo asimétrico y con cualquier reconocimento a la pluralidad nacional, pluricultural, y plurilingüe.

Por eso es fundamental que haya una fuerza de cambio social y carácter constituyente que sea decisiva en las próximas elecciones generales, y que Catalunya se implique al máximo.
Las combinaciones de gobierno de reforma e inmovilismo (PSOE-PP), de reforma y contrareforma (PSOE-Cs), o de inmovilismo y contrareforma (PP-Cs), son letales para Catalunya, y nos llevan a continuar el escenario de conflicto en el que estamos, con un país dividido en dos mitades incapaces de vencer ni de convencer, y sin interlocución al otro lado para buscar soluciones. Sin embargo, una propuesta catalana transversal y ampliamente mayoritaria que tenga un referente potente en el conjunto de España, puede tener recorrido y quitarle a las derechas uno de sus principales bastiones ideológicos: utilizar la guerra de identitades como aglutinador de voto y coartada electoralista para no hablar de los temas sociales o democráticos.

Así mismo, cada vez veo menos plausible el argumento de que el aumento del independentismo puede servir como un toque de atención, de presión, que obligará al Estado a negociar un nuevo estatus para Catalunya. De momento, la polarización solo ha conseguido que una fuerza como Ciutadans se convierta en cabeza de la oposición en Catalunya, que ésta se proyecte como árbitro para la política española, y que se eclipse el resto de debates, igual de necesarios, en Catalunya y en España. Esto no es la negociación de un convenio, no hay unas posiciones de máximos que luego se acercan en busca del acuerdo, aquí jugamos con material sensible, con personas, que tienen identidades, emociones y sentimientos que no se reposicionan fácilmente en base a cálculos racionales.

Por lo tanto, como alternativa a este tipo de polarización, comencemos a hacer propuestas que junto a la defensa de los derechos sociales y una política ética y transparente, proponga soluciones fraternales y radicalmente democráticas para el conjunto de los pueblos de España, y se incluya una dimensión europea contra la austeridad y a favor de una reforma política en profundidad de la UE.