Hasta siempre Marcos Ana, un corazón lleno de estrellas



Ayer noche nos dejó, a los 96 años, Fernando Macarro Castillo, más conocido como Marcos Ana, el alias que se puso el poeta comunista en honor a sus padres. 

No voy a repasar su obra y vida en este post. Solo quiero escribir una líneas en agradecimiento a su lucha inquebrantable por una sociedad justa y libre, y lo que personas como él significan para mi. Tuve la suerte de escucharle en directo en Barcelona, cuando organizamos un acto de presentación de su libro de memorias, "Decidme cómo es un árbol". Fué una experiencia brutal: su lucidez, su tranquilidad, la falta absoluta de rencor pese a las atrocidades vistas y sufridas en carne propia, su alerta permanente a los jóvenes contra el sectarismo y la grupusculización.

Esas memorias, en las que relata sus 23 años de cárcel, se pueden considerar en muchos de sus pasajes casi un tratado sobre la naturaleza humana en las situaciones más extremas. La manera de no sucumbir ante los bárbaros, ni de convertirse en ellos, fué desafiar a los verdugos con principios nobles y altísimos valores humanos, y una solidaridad colectiva inexpugnable entre los presos políticos que convivieron en los penales franquistas. Un hombre que había sido torturado y vejado como él, fué capaz de mantener el alma intacta para construir un futuro mejor, que no podría venir de la mano de la venganza sino de la Justicia, y recién salido de la cárcel, escribió: "hay que frenar la noria trágica de España, aunque tengamos que poner de calzo el corazón para lograrlo".

Este hecho siempre me ha parecido fascinante y de una categoría humana gigante, pues la cárcel en esas condiciones, es una experiencia capaz de destrozar a cualquier persona. Ahí están las reflexiones de Primo Levi sobre los campos de concentración, o las de Antonio Gramsci en una de sus cartas desde la cárcel a Julia, su mujer: "tengo siempre miedo de que me domine la rutina de la cárcel. Esta es una máquina monstruosa que aplasta y nivela según cierta serie. Cuando veo actuar y siento hablar a los hombres que están en la cárcel desde hace cinco, ocho, diez años, y observo las deformaciones síquicas que han sufrido, se me pone realmente carne de gallina, y vacilo en la previsión acerca de mí mismo. Me imagino que también los demás (no todos, pero al menos algunos) habrán decidido que no se dejarían dominar y, sin embargo, sin darse cuenta siquiera, por lo muy lento y molecular que es el proceso, hoy se encuentran cambiados y no lo saben, no pueden juzgarlo precisamente porque están cambiados del todo. Sin duda, yo resistiré. Pero, por ejemplo, me doy cuenta de que ya no sé reirme de mí mismo como lo sabía antes, y eso es grave."

Otro luchador por la libertad que pasó 16 años en la cárceles franquistas, Miguel Núñez, hacía las mismas reflexiones que Marcos Ana sobre como superar las torturas y los interrogatorios en un documental que narra su vida, "Al final de la escapada", donde también aparece el propio Marcos Ana explicando su experiencia en los penales de Ocaña y de Burgos (y su famosa Universidad, que es como llamaban a todas las actividades formativas y educativas autoorganizadas por los presos políticos). Es un documento que debería visionarse en todos los institutos de este país, como tantos otros testimonios de lo que supuso la represión franquista, cargados de humanidad y sentido común, despojados de todo reduccionismo ideológico o partidista.

Esta es la pasta de la que esta hecha nuestra estirpe de titanes, nuestros héroes de carne y hueso, que diría Vazquez Montalbán, corazones libres e incorruptibles como los de Marcos Ana, Miguel Nuñez, Enric Pubill, Sebastià Piera, y tantos otros hombres y mujeres que lo dieron todo por la Libertad, y con los que la sociedad democrática esta en deuda eterna, y que como mínimo, debe manterner viva su memoria, el recuerdo de unas personas cuyo pecado fué querer llenar de estrellas el corazón de los hombres. 

En lo personal, y de cara a todos los retos que tenemos por delante, me quedo con una reflexión suya, con la que coincido plenamente, y que aparece en "Decidme cómo es un árbol":

"Soy un ferviente partidario de la unidad porque solos no podemos construir el futuro. También en lo coyuntural, en el día a día, con los que no quieren o no pueden ir más lejos, para alcanzar objetivos parciales y andar juntos una parte del camino, ganar posiciones palmo a palmo, defender y resolver los problemas inmediatos de la gente. Pero además de esos objetivos sucesivos hay que ir preparando y construyendo esa unidad más profunda, necesaria y consciente, para llegar al objetivo final".

En eso estamos. Descansa en paz, compañero Marcos Ana.