La muerte de Azaña y la mezquina política de asilo, refugio, y migraciones actual

Este noviembre se han cumplido 76 años de la muerte de Manuel Azaña, Presidente de la II República Española, en Francia (4 de Noviembre de 1940).

Azaña murió en el exilio, extremadamente enfermo, y perseguido por el fascismo europeo. En aquella Francia colaboracionista de Petain, con el nazismo triunfante en toda Europa, Azaña había recibido asilo y protección diplomática de uno dels pocos estados aliados de la II República, el México de Lázaro Cárdenas.

La protección llegó hasta el punto de alquilar las habitaciones de un hotel y hacerlo suelo diplomático consular para evitar que la Francia colaboracionista entregase a las autoridades franquistas al Presidente Azaña, al cuál le hubiese esperado la prisión o el fusilamiento, con toda seguridad.

Con la salud muy tocada tras un infarto cerebral, moría Azaña, y Petain se negó a que tuviese un funeral de Estado, y a que fuese enterrado con la bandera tricolor republicana. En ese momento, el embajador de México, Luís Ignacio Rodríguez, decide que se le entierre con otra bandera tricolor, la bandera mexicana, y en sus memorias recoje la siguiente frase que le dirigió al prefecto francés, que siempre me ha emocionado:


-"Lo cubrirá con orgullo la bandera de México. Para nosotros será un privilegio, para los republicanos una esperanza, y para ustedes, una dolorosa lección".


A la vez, miles de personas huyeron de la represión franquista y de la Europa nazi, y recibieron asilo y refugio en paises como México, Chile, o Argentina, entre otros. Historias como las del Winnipeg, el barco fletado con la ayuda de Pablo Neruda para transportar republicanos/as desde los campos de concentración franceses hasta Chile, ya forman parte de la historia de la solidaridad mundial, de la ternura de los pueblos que diría el propio Neruda en ese contexto de ayuda.

Me sirve este recuerdo, también homenaje a todas las personas exiliadas y agradecimiento eterno a quienes ayudaron a republicanos/as a huir del fascismo, para contrastar con la triste realidad actual de Europa y del Mundo. Miles de personas huyen de la guerra, la represión política, y la miseria, mientras los gobiernos de los Estados europeos miran hacia otro lado, y en los Estados Unidos, un reaccionario llamado Donald Trump recién llegado a la Casa Blanca, propone edificar un muro para contener la inmigración, y la expulsión masiva de emigrados en situación irregular en EE.UU. 

Parece que las democracias occidentales no han aprendido nada, y han olvidado de dónde proviene gran parte de nuestra mejor historia: de las grandes migraciones en busca de un futuro mejor, y de la solidaridad de los pueblos frente a la barbarie de los tiranos.